Era mi ultima noche en la isla,
todavía no entendía el propósito de este viaje.
Recién terminaba de comer,
cuando decidí salir a mirar las estrellas.
Unas nubes de poco espesor tapaban el cielo
por lo que ellas se veían desdibujadas, borrosas,
como si me hubiera frotado los ojos o recién me hubiera levantado
Caminé hacia la orilla del rió, me apoye sobre la baranda de madera
y encendí el mp3 y un cigarrillo.
Elegí a los smashing pumkpins como banda sonora del momento, mi momento
y me puse a contemplar.
Del otro lado de la orilla se veía la hermosa construcción del museo
y grandes faroles alumbraban la costanera.
Baje la vista y enfoque la mirada en el agua;
El rió tenia algo hipnótico, no sabia bien que era,
pero me llevo a pensar: "ojalá todos tuviéramos un lugar así".
Entre canción y canción se escuchaba
solo el ruido del agua golpeando contra la isla,
privándome de todo silencio,
de todos modos era mejor así.
Deje la vista fuera de foco y presencie algo maravilloso:
El reflejo de las luces en el agua formaban millones de bastones brillantes
que se movían de un lado a otro,
estos tenían un color dorado fuerte
y bailaban como si tuvieran vida propia.
No se si era que no podía o no quería
terminar de ver semejante espectáculo
Hasta tal punto de que había perdido la noción del tiempo-espacio.
Si no fuera por un perro, que vino y se poso delante de mis pies
quien sabe cuanto tiempo podría haber estado ahí,
recibiendo energía de este momento único.
Le acaricie la cabeza e intente seguir disfrutando,
pero el alma ya me había vuelto al cuerpo y empece a sentir frió y sueño.
Gire mi cuerpo para mirar al animal, pero este había desaparecido de la nada,
tal y como se apareció.
Camino a la cabaña ya sabia el por que de este viaje, y emocionado pensé:
"la vida esta llena de momentos así, solo hay que saber buscarlos".